Uma investigação judicial revela que em Espanha
e Portugal existe una
máfia empresarial
que conseguiu 250 milhões de euros públicos
em concursos
fraudulentos
Daniel Toledo, CTXT, n.º 133,
de 6 de Setembro de 2017

Parece complicado
relacionar los 64 muertos, 200 heridos y 53 000 hectáreas que sucumbieron a
causa del incendio de Pedrógão Grande, en junio de 2017, con una serie de
reuniones informales convocadas cada año, desde 2001, por un grupo de
empresarios españoles en el hotel de carretera El Cruce, en una salida de la
Autovía de Andalucía, en Manzanares (Ciudad Real). En realidad parece
complicado relacionar las muertes de Pedrógão, y la superficie calcinada por
incendios en Portugal y España en lo que va de año — 118 000 hectáreas sólo en
Portugal —, con otra causa que no sea la ineptitud política, los intereses de
empresas locales y de pequeños propietarios de tierras, la plantación
descontrolada de eucalipto o los pirómanos. Y sin embargo, los fuegos que
arrasan cada año la Península Ibérica se alimentan no sólo de oxígeno y madera,
sino sobre todo de corrupción. Los servicios de extinción se han
privatizado en las últimas dos décadas, y existe un cártel empresarial que
acude a todos los concursos públicos y los gana. El dinero público y los
recursos que se debían dedicar a la prevención se desvían casi exclusivamente a
la extinción privada. Los bosques, abandonados, son una pira en potencia. El
Estado mira hacia otro lado, y permite que la mafia del fuego se enriquezca
cada vez más: la Audiencia Nacional cifra en 250 millones de euros la cantidad
defraudada durante casi 20 años de concursos amañados.
Esta es la conclusión a
la que se llega si se estudian las investigaciones por corrupción en la
adjudicación de contratos públicos de extinción de incendios realizadas en
Valencia, Andalucía, Baleares, Extremadura, Castilla y León, Castilla-La
Mancha, Galicia, Canarias, Cataluña y Aragón. En Portugal comienza a haber
denuncias de casos similares, con los mismos empresarios que en España,
interpuestas por particulares y por trabajadores de empresas públicas y
privadas anti incendios. Incluso hay un proceso abierto desde 2015 que mantiene
como imputado al exministro de Administración Interna portugués Miguel Macedo.
Es un modus operandi que se ha extendido a otros países como
Italia, Francia e incluso Chile, pero en todas existe un denominador común:
todas llevan la marca España.
En 2001 comenzaron una
serie de reuniones periódicas entre los administradores de cuatro grandes
empresas españolas de extinción de incendios: Avialsa, Faasa, Trabajos Aéreos
Espejo y Trabajos Aéreos Martínez Ridao. Con el tiempo, a estas se les unirían
otras dos, Compañía de Extinción General de Incendios, S.A. — CEGISA —, que
incluía el conglomerado de Inaer y ambas, hoy, como filiales del gigante Grupo
Habock, y Transportes Aéreos Extremeños, S.L. Estas seis empresas forman lo que
la Policía Judicial denomina el «Grupo 6», de cuyas primeras reuniones saldría
un sistema delictivo que atraería a un total de 14 empresas, agrupadas en la
Asociación Española de Compañías Aéreas — AECA —, según el sumario que llegó,
desde el juzgado de Instrucción N.º 2 de Sagunto, en Valencia, a la Audiencia
Nacional en enero de 2017.
Es UN MODUS OPERANDI QUE SE
HA EXTENDIDO A OTROS PAÍSES COMO ITALIA, FRANCIA E INCLUSO CHILE, PERO EN TODAS
EXISTE UN DENOMINADOR COMÚN: TODAS LLEVAN LA MARCA ESPAÑA
En el auto de las
diligencias previas elaborado por el juzgado de Sagunto, al que CTXT ha tenido
acceso gracias a Armando Cáceres, de Ecologistas en Acción — organización
personada como acusación en la causa abierta en Andalucía —, queda «suficientemente
acreditada la existencia de una organización, englobada en el conjunto de
catorce empresas asociadas en AECA, que (…) alteraban el precio de los
concursos públicos tanto en relación a aviones de ala fija como de
helicópteros, tanto a nivel nacional como autonómico, para o bien dejar
desiertos los concursos, a los efectos de incrementar el precio de licitación,
o acudiendo en la mayor parte de los concursos tan solo una empresa, por el
precio máximo de licitación y por ende, adjudicándoselo por dicho importe, o
presentando varias ofertas, de las que previamente eran conocedoras cuál iba a
ser la adjudicataria, (…) y causando por ello un importante perjuicio económico
para el erario público».
Las catorce aeronáuticas
llevan, presuntamente, casi veinte años vertebrando un sistema de manipulación
de un mercado del que no sólo dependen la supervivencia de bosques, parques
naturales o reservas, sino también de casas, fincas, propiedades y vidas
humanas. El auto del juez Héctor Ignacio Santamaría habla de un desembolso de
más de 250 millones de euros en concursos manipulados en menos de 15 años,
pagados por las administraciones públicas. Voces dentro del sector hablan de
sobrecostes que a veces han incrementados los costes en un 30%, gracias a la
colusión de varias empresas que han logrado poner al Estado contra las cuerdas,
obligándole a retirar fondos de un lado para pagar los precios abultados de
otro.
El Grupo 6 llegó a
redactar y firmar un pacto de asociación en el que se acordaba «respetar las
zonas en las que cada compañía tiene su área de influencia, así como los nuevos
contratos que cada empresa consiga que salgan a concurso público». Así reza en
el documento redactado por la «Asociación», firmado en una primera reunión en
Palma del Río, localidad cordobesa donde se encuentra la sede de la mercantil
Faasa, por Miguel A. Tamarit Campuzano — Faasa —, Vicente Huerta Domínguez — Avialsa
—, Fernando Espejo Delgado — Trabajos Aéreos Espejo —, y Ángel Martínez Ridao —
Trabajos Aéreos Martínez Ridao —, todos ellos imputados.
Los firmantes
especificaron las áreas de influencia de cada empresa que el resto debía
respetar: Avialsa en Valencia y Cataluña; Martínez Ridao en Mallorca, Castilla
la Mancha, Andalucía y Galicia; Espejo en Canarias y Andalucía; Faasa en
Castilla y León, y Cegisa — por medio de Inaer — en Portugal. El acuerdo
firmado entre los gerentes de las empresas, cuyo acto fue filmado para asegurar
su cumplimiento en un futuro, estipulaban el pago de una cuota para adquirir
nuevas naves anti incendios, o para compensar a una empresa que hubiera perdido
un contrato en una de sus áreas de influencia, ya fuera a manos de otra empresa
fuera del cártel o de una perteneciente a éste. Los representantes de las 14
empresas investigadas en la causa iniciada en Valencia se enfrentan a
acusaciones de pertenencia a organización criminal, alteración de precios en
concursos públicos y delito continuado de falsedad en documento mercantil.
Diversos cargos públicos
se enfrentan a su vez a penas por cohecho, delito de malversación de caudales
públicos, prevaricación, falsedad en documento público y negociación prohibida
a funcionario público. Entre ellos se encuentran: el exalcalde de Quartell
(Valencia), Francisco Huguet, del Partido Popular — al que la Unidad de
Delincuencia Económica y Fiscal le achaca un enriquecimiento ilícito de
alrededor de 800 000€ como alcalde de un municipio de 1 500 habitantes —; su
mujer, María del Carmen Peiró; el exconcejal del Partido Popular Emilio Máñez;
el exsecretario del Partido Popular Valenciano, exconsejero y ex delegado del
Gobierno, Serafín Castellano; el ex director general de Interior de Valencia,
Pedro Hidalgo; un ex alto cargo de la consejería de Interior de la Generalitat
Catalana, Ramón Dinarés Bosque; el ex jefe de contratación del Departamento de
Interior de Cataluña, Xavier Palmés Cosido, y el ex jefe de la Sala Central de
Bomberos de la Generalitat, Manel Bosch Serch.
ANDALUCIA: EL FUNCIONARIO QUE TIRÓ DE LA MANTA
Los casos investigados
en casi todas las autonomías españolas se están unificando en una macrocausa en
la Audiencia Nacional, pero para entender el fondo del problema hay que conocer
las diferentes fuentes de las que se alimentaba, y se alimenta, el cártel del
fuego. El primer caso que vio la luz en los medios de comunicación fue el
denunciado en Valencia, en 2014, por un exgerente de Avialsa, Francisco Alandí.
La trama se remontaba a 2012. Ese año, 9 meses antes de que Alandí dejara la
empresa, éste contrató los servicios de un técnico informático para
introducirse en el ordenador de otro gerente de Avialsa, el hoy investigado
Vicente Huerta Domínguez. Sabía lo que buscaba, y dos años más tarde Alandí
acudiría a la policía con los documentos privados que demostraban que Vicente
Huerta había conseguido contratos por valor de 33 millones con el gobierno
valenciano y la consejería de Sanidad de forma fraudulenta.
LOS CASOS INVESTIGADOS EN CASI TODAS LAS AUTONOMÍAS ESPAÑOLAS
SE ESTÁN
UNIFICANDO EN UNA MACROCAUSA EN LA AUDIENCIA NACIONAL
Y si bien en Valencia la
primera denuncia surgió del ámbito privado —probablemente fruto de una venganza
o de un intento de extorsión a Huerta por parte de Francisco Alandí —, en
Andalucía lo hizo desde el ámbito público. El 9 de noviembre de 2015, Jaime
González Díaz, funcionario del servicio de contratación de la consejería de
Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, denunció una serie de irregularidades
en los contratos firmados para el Plan Infoca 2015-2018 — plan de la Junta
andaluza para la lucha contra los incendios en parajes naturales —, y ponía así
la primera piedra para entender que el cártel del fuego no se había
atrincherado únicamente, ni mucho menos, en territorio valenciano.
Después de 12 años
trabajando para la Administración y de escuchar decenas de historias sobre
corruptelas, «lo más grosero y descarado que la gente se pueda imaginar», el
funcionario público se decidió a acusar a algunos compañeros y, sobre todo,
jefes de su departamento. Jaime González accedió a hablar con CTXT de su
situación, de lo que significa enfrentarse a un gigante como la Junta de
Andalucía, y sus palabras, su historia, suenan escalofriantes.
Monte quemando en la inmediaciones del parque nacional de Doñana. V.J
González afirma que en Andalucía la corrupción
llega hasta las entrañas mismas del funcionariado, y en relación al llamado
cártel del fuego asegura que «es la Administración de la Junta de Andalucía la
que hace los trucos para que no se detecte el cártel. No es que no hagan nada
en contra del cártel o le favorezcan incluso, sino que realiza una serie de
actuaciones y omisiones ilegales para ocultar que la colusión se produce, como
valorar criterios de solvencia como criterios de adjudicación para que las
empresas se lleven algún punto, o no publicar en el perfil del contratante qué
empresas se han presentado. En Andalucía no hace falta que se haga un cártel
porque ya la Junta les da un cheque en blanco que va contra la más elemental
normativa de contratación».
Cuando acudió al Juzgado
de Instrucción N.º 8 de Sevilla, González denunció «irregularidades e indicios
de posibles actuaciones delictivas», lo que llevó a la Policía Judicial a
confirmar, en el atestado de noviembre de 2015, que: «Se vislumbra cómo
efectivamente las empresas que licitan en los distintos concursos del Plan
Infoca — a la sazón Inaer, Sociedad Aeronáutica Peninsular, Trabajos Espejo,
Saeta y Faasa Aviación — parecen responder a un patrón fijo de adjudicación,
observándose por tanto indicios de colusión ilícita de empresas, o el
equivalente en Derecho Penal: acuerdos para la alteración de concursos públicos».
La Policía Nacional pidió a la Junta la relación de subvenciones e incentivos
recibidos por Faasa entre 2003 y 2015, ya que las sospechas apuntaban a que era
esta empresa, con sede en Córdoba y al parecer anfitriona de las reuniones
celebradas por el Grupo 6, la que encabezaba la trama en Andalucía.«
Yo he intentado buscar»,
declara Jaime González a CTXT, «en qué puede beneficiarse la Administración
dando 300 millones de euros a precios corrientes desde 2003 a Faasa y al resto
de empresas solo por los medios aéreos del Plan Infoca. Son redes
institucionales y formas de actuar, son modus operandi, ellos
juegan con el grado de tolerancia de la gente, ven hasta dónde pueden llegar
sin que salte el negocio, y luego tiran por ahí». En efecto, el presupuesto de
licitación de los cinco lotes del Infoca era de casi 70 millones de euros, y
Faasa acabó por llevarse el premio gordo, el lote número 5, por valor de 43
millones.
González amplía el grado
de corrupción a otros ramos de la administración, a todo lo relacionado con los
contratos públicos, las subvenciones e incluso los famosos cursos de formación
de la Junta. «Desde los sindicatos de bomberos al parecer no ha habido una
buena acogida — para presentarse en la causa —, y eso que denuncian
habitualmente que la Junta les escatima y les recorta en equipos, en material,
en medios materiales y personales. Creo que todo viene motivado porque Juan
Espadas, el actual alcalde de Sevilla (PSOE), cuando ejercía como alto cargo de
la consejería de Medio Ambiente facilitó a la cúpula de estos sindicatos unas
prejubilaciones muy generosas, financiadas por el fondo de reptiles que
incumplían la legalidad, y que están siendo investigadas por la Justicia».
MUCHAS VECES, EL CÁRTEL LLEGABA A MANIOBRAR
PARA DEJAR
LOS CONCURSOS DESIERTOS, OBLIGANDO ASÍ A LAS ADMINISTRACIONES
A
ELABORAR NUEVOS CONCURSOS CON MEJORES CONDICIONES
PARA LAS EMPRESAS
María de los Reyes
Flores Canales, la juez de la Audiencia Nacional que aceptó el caso por la «propia
complejidad de la causa», asegura en el auto que «se ha producido un daño
patrimonial contra una multiplicidad de sujetos pasivos de las acciones
imputadas, pues no sólo se daña el interés económico de cualesquiera otros
competidores del sector, sino el funcionamiento de diversas administraciones e
instituciones». Muchas veces, el cártel llegaba a maniobrar para dejar los
concursos desiertos, obligando así a las administraciones a elaborar nuevos
concursos con mejores condiciones para las empresas. Esto implicaba dejar a los
entes públicos sin medios para combatir los fuegos hasta que se redactaban,
aprobaban y sacaban a concursos los nuevos contratos.
En diciembre de 2015,
declaraba como imputado el jefe de la Mesa de Contratación del Plan Infoca,
Antonio Martínez López. En enero de 2016 se enviaba copia de las diligencias al
Juzgado de Instrucción de Sagunto, informando de que se estaban realizando
investigaciones en Sevilla por un caso similar al investigado en Valencia, y se
iniciaba la cadena de imputaciones, detenciones, registros y declaraciones judiciales
en relación a la trama andaluza: Miguel Ángel Martínez Ridao y Miguel Ángel
Martínez Bonilla, por Saeta; Antonio Miguel Román Guillén, por Sap Aviación;
Manuel González Gabaldón, Héctor Tamarit Almagro, Miguel Ángel Tamarit
Campuzano y Javier Ortiz Marín, por Faasa, y Fernando Espejo Delgado por
Trabajos Aéreos Espejo. Más adelante las investigaciones se extenderían a las
14 empresas incluidas en la trama por la Audiencia Nacional.
Jaime González se
enfrenta cada día al acoso de jefes y compañeros en una batalla judicial que se
ha extendido a su vida laboral y personal. «Con el sistema que tenemos,
establecido, no por los gobiernos autonómicos como te quieren hacer ver, sino
por el Congreso de los Diputados y a pesar de la Constitución de 1978, la situación
actual es que es mucho más fácil echarme a mí la calle con cualquier falsa
excusa, por vana que sea, que echar a un corrupto, haga lo que haga».
Como afirma Jaime
González, a veces su peor enemigo es el pesimismo. «Cuando les acusan a ellos
de llevarse, imaginemos, 90 millones de euros que es el importe del contrato de
medios aéreos del plan Infoca para 2015-2018, el que está vigente y yo
denuncié…, primero, en el juzgado no hay medios para impulsar una clase de
acusación de ese tipo en el que hay involucrados tales cantidades y tales
volúmenes de documentación; segundo, un abogado de la Junta experto en esos
temas les defenderá a tiempo completo y de forma gratuita; tercero, los
que se supone que están de tu parte son el juez y el fiscal, Y si el que va a
estar de mi parte es el fiscal Moix — Manuel Moix — o De Llera — Emilio De
Llera —, mejor que no te ayuden; cuarto, hay un límite temporal a las
causas de corrupción que lo puso hace poco el Partido Popular; quinto, muchos
están aforados y serán juzgados por jueces que ellos mismos han nombrado;
sexto, los delitos del título XIX del código penal, delitos contra la
Administración Pública, imponen unos tipos penales altamente inoperantes y poco
sistemáticos. La prevaricación es el único delito del código penal que no tiene
cárcel, solo inhabilitación, y séptimo, los pueden incluso indultar si
todo lo de atrás no ha surtido efecto; de hecho es lo más corriente, me remito
al BOE, de donde se extrae que la mayor parte de los indultos se producen por
condenas de corrupción».
Incluso existe otra
causa paralela por las presiones y amenazas recibidas por González, admitida
por la juez Flores Canales por acoso laboral. «En cuanto a la gente que está de
mi lado», asegura, «en mi causa se han personado tres entes: Ecologistas en
Acción, CGT y Podemos. Los que no me van a apoyar son los que hayan pillado
algo de los 300 millones de euros desde 2003 — yo tengo pruebas de que el
contrato del INFOCA se realizaba desde 1994 al menos — a precios corrientes — sin
actualizar — que estas empresas consiguieron solo por los amaños de los medios
aéreos del Plan Infoca — sin añadir otro tipo de contratos ni otro tipo de
ayudas como fondos de formación —. En Sevilla los contratos siguientes —2018 en
adelante— los están planificando para que sigan igual».
Investigados por la
Audiencia Nacional
1. — AVIALSA, T-35, siendo el beneficiario el socio único, VICENTE
HUERTA DOMÍNGUEZ, si bien, siendo partícipe en el mismo, FRANCISCO ANTONIO
ALANDI ESCRG;
2. — FUMIGACIÓN AÉREA ANDALUZA, S.A., (FAASA), representando a la
misma, MANUEL GONZÁLEZ GABALDÓN, HECTOR TAMARIT ALMAGRO, MIGUEL ÁNGEL TAMARIT
CAMPUZANO y, JAVIER ORTIZ MARTÍN;
3. — COMPAÑÍA DE EXTINCIÓN GENERAL DE INCENDIOS, S.A., (CEGISA), que
del mismo modo incluía a las siguientes; INAER AVIONES ANFIBIOS, S.A., INAER
HELICOPTEROS, S.A., HELICSA HELICOPTEROS, S.A. y TRANSPORTES AÉREOS DEL SUR,
S.A., representando a la misma, RUBEN MARIANO GARCÍA PASCUAL y JAIME ARQUE
GINERNAU;
4. — MIGUEL ÁNGEL MARTÍNEZ RIDAO, no solo como empresario individual,
sino del mismo modo respecto de MARTÍNEZ RIDAO AVIACIÓN, S.L., y SERVICIOS
AÉREOS EUROPEO Y TRATAMIENTOS AGRÍCOLAS, S.L., en adelante (SAETA),
representadas por aquél, y por MIGUEL ÁNGEL MARTÍNEZ BONILLA;
5. — TRABAJOS AÉREOS ESPEJO, S.L., representada por FERNANDO ESPEJO
DELGADO;
6. — TRABAJOS AÉREOS EXTREMEÑOS, S.L., compareciendo en representación
de la misma, SANTIAGO EDUARDO GARCIA CID, en lo que se refiere a la llamada «Asociación»
o «Grupo 6», si bien, también gira en torno de las siguientes empresas, en
cuanto a servicios de que le son accesorios;
7. — ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE COMPAÑÍAS AÉREAS, (AECA), representada por
Dámaso Castejón Amenedo;
8. — HELICÓPTEROS SANITARIOS, S.A. representada por
María José Cañete Sánchez;
9. — COYOTAIR, S.A. representada por Francisco Lucas Muelas;
10. — SKY HELICÓPTEROS, representada por Josep Teno Pujol;
11. — HELICÓPTEROS DEL MARE NOSTRUM, S.A., representada por José
María Montalt Saurí;
12. — TAF HELICOPTERS, S.L., representada por Josep Carol Quintán;
13. — HISPÁNICA DE
AVIACIÓN, S.A. representada por Francisco Julián Ríos Campuzano;
14. — SOCIEDAD AERONÁUTICA PENINSULAR, (SAP AVIACIÓN SA),
representada por Antonio Miguel Román Guillén